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#1 22-06-2016 19:08:59

zoraya
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Date d'inscription: 22-06-2016
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Los dos operarios

El otro día me visito mi amiga Nora algo nerviosa y después de preguntarla e indagarla me contó lo que le sucedió días antes en su casa con unos extraños. Como soy asiduo de esta web le pedi que escribiera un relato con lo que le pasó para colgarla y que todos la leyeran.

Me llamo Nora y tengo 28 años. Estoy casada con Juan de 29. Mido 170, peso 52 kilos y tengo un cuerpo bastante atractivo, la verdad, los tíos se fijan en mi al pasar por la calle, sobre todo en verano, aunque yo soy muy feliz con mi marido y es el único al que habia conocido en el sexo. Levamos casados algo mas de dos años.

Como es verano, decidimos poner un aparato de aire acondicionado, para pasar mejor el calor estival. Juan tiene un amigo dueño de una tienda de electrodomésticos y le llamó para que nos vinieran a instalar el aparato. Esa mañana me llamó mi marido diciéndome que esa misma tarde llegarían los operarios a instalarlo y para además decirme q no comería en casa ese dia y que llegaría ya por la tarde.

A media mañana, sobre las 12, llamaron a la puerta. Abri, pensando que era alguna vecina, y en la puerta había dos hombres con herramientas y dos cajas grandes. Eran los operarios de la tienda de nuestro amigo.

-Pasen, disculpen que este la casa tan desordenada, pero es que no les esperaba hasta esta tarde.

Se trataba de un chico joven, mas que yo, de unos 18 años, delgado, alto, moreno y muy guapo. Me pareció de esos pocos jóvenes que salen en las revistas de moda. El otro era un fornido señor de unos 40 años, también alto y con buen cuerpo, pelo algo cano.

-Ya señora, pero es que terminamos una instalación aquí cerca y decidimos pararnos por aquí primero – me dijo el señor mayor mientras observé que no me quitaban ojo de encima. Entonces recordé que llevaba puesta una bata muy fina y corta, debido al calor, sin sujetador.

-Esta bien, pero pasen y entren todas sus cosas al comedor que es donde lo instalaremos. Yo tengo que estar al tanto de la comida que si no se me quemara – dije, pensando en ir a ponerme algo en cuanto pudiera.

Ellos se pusieron manos a la obra y entre la comida y que ellos de vez en cuando me pedían algún objeto para realizar su trabajo o me pedían permiso para quitar o poner algún mueble aquí o allá, iba de la cocina al comedor sin poder acercarme a mi habitación para cambiarme.

Entre el calor de la cocina y el ajetreo de ir y venir al salón y ayudarles, empecé a sudar mucho (ellos también). Una de las veces que entré en el salón me di cuenta de que al ir sin sujetador se me habían pegado los pezones a la bata y se me marcaba. Los dos hombres se me quedaron mirando a las tetas y eso hizo que se me erizaran un poco, no se si de morbo o de pudor por q me vieran así dos desconocidos.

Yo me ruboricé y salí del comedor hacia mi cuarto para cambiarme. Cuando estaba buscando una camisa y un pantalón corto para ponerme sentí que había alguien en la puerta. Miré y allí estaban los dos hombres mirándome con cara lasciva.

-¿qué hacen aquí?- Yo podía imaginarme bien lo que estaban haciendo alli y lo que habían ido a buscar y no me lo podia creer, estaba algo confundia por no saber como decirles que se fueran de una manera convincente – ¿necesitan algo más?

-Sí – respondió al hombre más joven – necesitamos desfogar y desahogarnos, hace mucho calor y tú nos has puesto muy caliente, así que vamos a quitarnos la calentura con usted por zorra.

-Discúlpenme si les he podido llevar a confusión pero yo no pretendía hacerles eso. Soy una mujer casada y feliz.

Pero mientras les contaba eso el hombre más mayor se acercó tocándome con su mano grande una de mis tetas. Yo intenté zafarme de él pero rapidamente el chico joven se puso detrás mía y me sujetó por los brazos dejándome sin poder moverme.

-Putita, te vas a estar quietecita si no quieres que te hagamos daño, me has calentado demasiado y lo vas a pagar – dijo el hombre mayor.

-Señora será mejor que se esté quieta, no queremos hacerla daño, solo nos daremos un poco de placer mutuo – me dijo el chico joven mientras me besaba mi oreja y me lamía dándome de repente y placer que nunca habia experimentado, Pero yo tenía que resistirme, aquello no podía sucerder.

Me tumbaron en la cama y me quitaron la batita fina de verano. El hombre mayor es el q llevaba la iniciativa, mientras que el joven intentaba consolarme y calmarme, mientras yo les suplicaba que por favor me dejasen.

El hombre me rasgó las bragas y empezó a lamerme el coño. Mientras el joven empezó a lamerme la cara y a besarme en la boca. Al principio yo me resistía, pero cuando empezó a morrearme sentí un placer indesciptible, aquel adonis besaba de maravilla y esta empezando a surgirme una extraña calentura al tener a aquel chico besándome como nunca y a aquel maduro comiéndome el coño. Era algo que nunca había sentido y empezaba a gustarme, aunque mi interior seguía diciéndome que no.

-Mira la zorra como se está mojando, si al final va a resultar ser más puta de lo que pensaba – dijo el hombre, mientras intensificaba su lamida de coño.

El joven ya no me sujetaba los brazos y se limitaba a darme placer en la boca y a sobarme las tetas que ya estaban con los pezones muy muy duros.

De repente el hombre mayor se desndudó y sacó de sus pantalones una polla increíblemente grande y gorda, debía de medir como 25 cm. Al verle intenté disuadirle de que me metiera esa herramienta, pero él de una envestida, la metió hasta el fondo, ayudado por mis propios jugos que tenían mi coño muy lubricado. Entonces empecé a sentir dolor y placer. Dolor porque la unica polla que me habia follado, la de mi marido no supera los 16 cm y aquella polla me estaba partiendo, pero un placer inmenso al estarme follando una polla de ese calibre. Mientras, el joven también se había desnudado, y me emtió la polla en la boca. Al entrar aquel pedazo de carne, casi del mismo tamaño y grosor que la del maduro, empecé a tener combulsiones y me corri por primera vez.

Estuvieron asi durante muchos minutos, tal vez media hora, hasta que el joven, sin previo aviso, se corrio en mi boca, apretando mi cara contra su polla y haciendome que me lo tragara todo. Aquella era la primera vez que tragaba lefa, que la probabay tuve una sensación entre asco y morbo. Cuando termino, me habia tragado casi toda y con la polla ya fuera, empecé a limpiársela todo tragando los restos de semen, en ese momento me corrí por segunda vez.

-Eres toda una puta –dijo el hombre mayor – y te voy a dar lo que te mereces.

Entonces sacó su polla de mi coño y dándome la vuelta, empezó a meterme un dedo por el culo untado con la lefa que me quedaba en la cara.

-No por favor, eso no señor. Ya les he dado lo que querían. Por favor dejenme ya, nooooohhh, por el culo no me meta nada....

No habia acabado de decir esto, cuando empezó a meterme la polla en el culo. Primero metio un poco, ante mis quejas, pero siguió metiendo hasta q me la metio toda. Se quedó quieto un momento y cuando mi culo estuvo acostumbrado a su enorme miembro, empezó un vaivén de mete saca que me estaba rompiendo y destrozando de dolor.

-Por favor, no siga, dejelo ya.

Pero el seguía cada vez más rapido y ese sentimiento de dolor se fue convirtiendo en placer, no lo entendía, aquellos dos hombres me estaban vilando y rompiendo y llenando de lefa y me estaba justando.

Entonces, el joven se situo poco a poco debajo de mi y me metio su gran polla dentro de mi coño. Buffff aquel placer era indesciptible, nunca me habia sentido tan bien y gozada y tan puta a la vez.mientras me follaba, me besaba la boca, nos morreabamos comiendonos la lengua y llenándonos de saliba, y mientras el otro me daba por culo.

Después de mucho tiempo asi, perdi la noción del tiempo, los dos tios de corrieron casi a la vez, primero el mayor y luego el joven dentro de mis entrañas, acabando yo con una corrida espectacular, como nunca la había tenido, la última de mas de diez corridas aquella mañana. Yo misma me quede sorprendida de mi aguante.

Cuando sacaron las pollas, me dedique a limpiarlas y a dejarlas bien limpias. El viejo empezó a vestirse mientras que el joven me regaló unos minutos de besos y magreos finales.

-Vistete y termina la comida, zorra, que tenemos hambre. Después de comer seguiremos con lo que hemos dejado aquí – dijo el hombre mayor.

-Por supuesto, dije yo. Después de comer seguimos follando y llenándome todos mis agujeros y llenándome de lefa por todos ellos. Nunca habia sido tan plena y gozada y sabia que mi vida acababa de cambiar por siempre.

Este es el relato de mi amiga, promete más, porque el joven del relato sigue visitándola y son amantes, aunque no es su ínica experiencia que poco a poco iremos contando, pues se esta convirtienedo en toda una ninfomanía puta.

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